Estaban unos mafiosos, o algo. No recuerdo qué, pero había hecho algo para ganarme su respeto, y tan sólo me miraban, sin decir nada. Decidían no meterse conmigo, sin decir nada. Yo lo sabía. Aquello que hice me destruyó emocionalmente. Era hora de dormir, y yo me sentía completamente destruida. Derrumbada. Delante de nosotros había una pared con un mural, y uno de ellos comenzaba a cubrir los dibujos con pintura blanca. Yo le quitaba la brocha de las manos y empezaba a pintar con mucha furia, mientras lloraba. Había un dibujo de mis padres y yo. La pintura se volvía negra mientras los cubría a ellos. Al llegar a mi retrato, le daba algunas pasadas superficiales, pensando "aún no he desaparecido entera". Después, con la mano, comenzaba a quitar con ira la pintura del rostro de mi retrato. La rascaba hasta llegar a los ojos, desesperadamente, llorando. La rascaba tanto que arrancaba mi retrato entero de la pared, y me daba cuenta de que era un muñeco hecho de cartón, al que abrazaba, llorando. No me quería perder.Los mafiosos seguían mirando, pero respetaban. Seguía siendo hora de dormir, pero yo no confiaba en ellos. Decidía cerrar mi puerta con varios seguros; barricarme. Era la habitación donde dormía de pequeña, con mi hermana menor. Ellos, los mafiosos, me miraban de reojo, pero yo sabía que me respetarían. Estaba cansada, cansada. Llegaba Juda (¿o Giuda?), un tipo del retiro al que fui, y me preguntaba si quería desayunar avena con él. Yo decía que sí, aliviada. Bajábamos a la cocina, y él ya tenía su botecito de avena cruda entre las manos. Era anaranjado -el botecito-. Giuda (¿o Juda?) era tan amable como en la vida "real". Sonreía con tranquilidad, y me miraba. Yo le decía que sólo tenía Avena Para la Mujer, de esa morada, pero no la encontraba. Encontraba unos sobres -de avena- debajo de la mesa, pero no eran morados. No Color Esperanza. Había verdes (manzana y canela) y marrones (nueces y dátiles, mis preferidos). Yo tomaba un bonche de sobres y los ponía en una caja de cartón. Se los mostaraba a Juda-Giuda. Y reíamos.
Mi cerebro consciente me sacudió fuera del sueño con las palabras "No te viajes también con Giuda/Juda, Julieta".
Dos.
Estaba sentada con E. Escribía (él) que lo habían despedido del trabajo, sin explicación alguna, y que buscaban a alguien que lo sustituyera a partir del 7 de Marzo. Yo pensaba "¡Bien!, ahora podrá viajar conmigo" Él se echaba un choro intelectual sobre su empleo, pero no dejaba claro qué era.Estábamos sentados delante de un río. Él tenía botas cafés, de ésas para escalar que tanto me molestan, como las que usaba B. Yo le decía que viajara conmigo. Recorreríamos el Camino de Santiago, y luego...
-Espera, J.- decía él, con toda tranquilidad -Un día a la vez-.
Mi mente consciente, dentro del sueño, dijo "chale, hasta en tu sueño te lo dicen".
Tres.
Estaba jugando Super Nintendo, el juego de Mario. Encontraba un modo de viajar de mundo a mundo, y al llegar al final de una puerta, me encontraba en lo alto de un edificio destruido, del cual sólo quedaba la estructura. Era blanco, y a su alrededro había tan sólo vacío. Rojo.Yo estaba en uno de los últimos pisos, mirando hacia afuera, y la estructura entera se componía sólo de puertas, tan sólo el marco blanco de las puertas. Y detrás, y delante, y entre ellas, tan sólo vacío (rojo). Yo pensaba desolada "Ahora, ¿cómo recordaré el modo de llegar aquí, y por cuáles puertas he entrado ya, y cómo encontraré el camino a las demás puertas?" Pero no había demás, ni puertas. Tan sólo marcos vacíos y destruidos.
Y mi mente consciente pensó, al escribirlo "Así ha sido mi vida. Un caminar entre mundos, buscando puertas. Y no es que las puertas estén cerradas. Ni tampoco es que estén abiertas. Es que no hay puertas." Y recordé una obra de Jodorowsky. Ja, acabo de recordar el nombre. "El Sueño Sin Fin".
Cuatro.
Aparecía (yo) en un parque. Estaba durmiendo en el suelo, pero había un ruido terrible, de unos tipos que jugaban básquet. Y mucha luz. Yo me levantaba y veía un árbol a la sombra. Parecía tener hojas secas debajo, y yo pensaba "bien, ahí me echaré a dormir". Mientras caminaba hacia él, unos tipos con chaquetas gruesas me miraban. Llegaba al árbol y me daba cuenta de que no eran hojas, sino granos de maiz. El suelo estaba duro, pero igual me eché a dormir en él.Imágenes por Alex Andreyev.














